Spring

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Primavera en Mannheim, Alemania. Paisaje fotografiado y editado por mí.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sigillum Dei Aemaeth

"Alabado sea Dios en todos sus misterios y santificado en todo su trabajo. Este sello no debe ser observado sin gran reverencia y devoción.
Oh, Gran Sello de Verdad y Misterio, 
que las corrientes de poder que simbolizas fluyan en paz y armonía 
a través de las fuerzas que representas!"


Y por fin llega la entrada prometida, aquella que tenía pensado publicar el día del aniversario del blog y que terminé aplazando hasta ahora. En ese entonces había mencionado que trataría un tema místico, aunque eso ya lo habrán inferido si han visto el pentagrama de arriba. Aunque no me considero especialmente supersticiosa, los temas relacionados con religiones muy o poco conocidas, órdenes, cultos paganos, disciplinas, ocultismo, misterios de las civilizaciones, magia, entre otros, me llaman muchísimo la atención. Como tal, cada uno de estos campos representa una disciplina en menor o mayor medida madura con todo un contexto de fondo que, en su tiempo, logró gozar de popularidad o ser discriminada socialmente.

El día de hoy quiero hablarles sobre el Sigillum Dei, el Sello de Dios, un diagrama mágico cuya función es la de otorgarle a su portador, quien debe haber logrado la visión sagrada de Dios y sus ángeles, un poder sitiado por encima del de todas las criaturas vivientes, a excepción de los arcángeles. Este símbolo es más conocido por las escrituras y artefactos de John Dee, quien finalmente le dio el nombre de Sigillum Dei Aemaeth, o Sello de la Verdad de Dios. John Dee fue un matemático, astrónomo, astrólogo, ocultista, filósofo, navegante, consejero político, entre otros, que dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia, la adivinación y la filosofía hermética (sí, el hermetismo, esa tradición filosófica y religiosa basada en los textos supuestamente dejados por el personaje mítico de Hermes Trimegisto, o “Tres Veces Grande”). Dee invirtió sus últimas décadas en intentar comunicarse con los ángeles y en aprender el lenguaje universal de la creación. Si bien el Sigillum Dei aparece en textos como el Liber Juratis (uno de los más importantes Grimorios de magia cabalística) y el Oedipus Aegyptiacus (el trabajo supremo de Athanasius Kircher sobre egiptología), fue Dee quien lo popularizó, al estudiarlo y modificarlo, creando así su propia versión.

El sistema de magia angélica de Dee, conocido como magia Enochiana, es un sistema de magia ceremonial basado en la invocación y comando de espíritus fuertemente arraigado con el número siete, el cual a su vez se relaciona con los siete planetas tradicionales de la astrología. Como tal, el Sigillum Dei Aemeth se compone principalmente de heptagramas (estrellas de siete puntas) y heptágonos (polígonos de siete lados).

El anillo exterior del Sello contiene los nombres de siete ángeles, cada uno asociado con un planeta. Para hallar el nombre de estos ángeles se deben ubicar en primera instancia las letras en mayúscula. Si la letra tiene un número sobre ella, se debe contar ese número de casillas en el sentido de las manecillas del reloj. Si, por el contrario, el número se encuentra debajo, la cuenta se realiza en el sentido contrario. Repetir este procedimiento genera las siguientes entidades, las cuales son asociadas a Ángeles de Luz, correspondientes a los poderes más interiores de Dios, que nadie, salvo él mismo, conoce:

Thaaoth (Marte)
Galaas (Saturno)
Gethog (Júpiter)
Horlwn (el Sol)
Innon (Venus)
Aaoth (Mercurio)
Galethog (la Luna)

Como ya he dicho, cada Ángel de Luz se corresponde con cada uno de los siete planetas reconocidos en la astrología, que a su vez se encuentran asociados a siete metales y símbolos en la alquimia.


En la parte interior del anillo exterior hay siete sigilos que, leídos en contra de las manecillas del reloj, reproducen la palabra “Galethog”. Estos sigilos son los Siete Asientos del Dios Único y Eterno, sus Siete Ángeles Secretos procedentes de cada letra que se refieren en sustancia al Padre, en forma al Hijo y ocultamente al Espíritu Santo.

Galethog.
Primer sigil: Galaas. Segundo sigil: Gethog. Tercer sigil: Thaaoth. Cuarto sigil: Horlwn. Quinto sigil: Innon. Sexto sigil: Aaoth. Sétimo sigil: Galethog.

Continuando con nuestro camino hacia el interior del sello nos encontramos con el heptágono exterior, en donde se encuentran consignados los nombres de los siete ángeles que se encuentra de pie ante la presencia de Dios. Cada lado del heptágono contiene siete casillas, de forma que para encontrar los nombres angélicos se requiere trasponer cada lado de forma que quede formando una columna en una matriz 7X7. Los nombres proceden de la lectura de cada fila de dicha matriz, dando saltos de línea de ser necesario hasta encontrar la siguiente mayúscula. Así:

Produce:

Zaphkiel (Saturno)
Zadkiel (Júpiter)
Cumael (Marte)
Raphael (el Sol)
Haniel (Venus)
Michael (Mercurio)
Gabriel (la Luna)

Los cinco niveles siguientes están todos basados en un arreglo matricial de 7X7. A saber:


Este arreglo se consigue de tomar las frases ubicadas ente el heptágono exterior y el más externo de los heptagramas y de ubicarlas una debajo de la otra. Los grupos de nombres se consiguen recorriendo la matriz en diferentes direcciones. Los nombres de los arcángeles planetarios, por ejemplo, se encuentran escritos en zigzag, empezando desde la esquina superior izquierda (la S) y moviéndose hacia la derecha (el “el” de cada nombre se omite en la matriz). 


Tomando nota de las letras por las cuales se atraviesa al seguir el camino en zigzag y adicionando “el” al final de lo obtenido formamos:

Sabathiel (Saturno)
Zedekieiel (Júpiter)
Madimiel (Marte)
Semeliel (el Sol)
Nogahel (Venus)
Corabiel (Mercurio)
Levanael (la Luna)

Como tal, los nombre entre el heptágono y el heptagrama exteriores, obtenidos de cada fila de la matriz, son los “nombres de Dios, no conocidos por los ángeles, que no pueden ser pronunciados ni leídos por el hombre”. Estos nombres representan a los Gobernantes Celestes próximos a nosotros, por lo que el sello, leído de su estructura más externa hacia adentro, es una representación del descenso del poder de Dios hacia el mundo.

Existen cuatro niveles adicionales de seres dentro del sigilo, los Hijos y las Hijas:

"Cada letra de los nombres de los Arcángeles da a luz siete hijas. Cada hija produce a su hija, con lo cual son siete. Cada hija de hija da a luz un hijo. Cada hijo en sí mismo es siete. Cada hijo tiene su hijo, y su hijo es siete."

Los siete nombres dentro de cada esquina del heptagrama exterior corresponden a los nombres de las Hijas de la Luz, que también pueden ser leídos en la matriz 7X7, la misma de la que se derivan, leyendo en zigzag como habíamos visto, los nombres de los Arcángeles Planetarios. A diferencia, los nombres de las Hijas se obtienen de esta matriz empezando desde la esquina superior derecha y avanzando en diagonal de izquierda a derecha.

Los nombres dentro de las líneas de los heptagramas son los Hijos de la Luz, que también pueden ser obtenidos de la matriz de la misma forma que con las Hijas. En realidad, los nombres de las Hijas empiezan con la E en la esquina superior derecha del arreglo y terminan en la diagonal que une la esquina superior izquierda con la esquina inferior derecha (stimcul). Los nombres de los Hijos empiezan en dicha diagonal (nuevamente stimcul) y terminan en la esquina inferior izquierda.

Los nombres en los dos heptágonos centrales corresponden a las Hijas de las Hijas y los Hijos de los Hijos, los cuales se obtienen de la matriz leyendo en diagonal, empezando de la esquina superior izquierda hasta la diagonal que une la esquina superior derecha con la esquina inferior izquierda para las Hijas de las Hijas, y de la diagonal hasta la esquina inferior derecha para los Hijos de los Hijos.

Finalmente, en el centro del sello, nos encontramos con un pentagrama en donde se repiten los nombres de los Espíritus Planetarios. “Zabathiel” (sin “el”) se ubica en el exterior, alrededor de la estrella. Los siguientes cinco espíritus se encuentran cerca al centro, formando un círculo y con las iniciales enmarcadas dentro de las esquinas del pentagrama. Levanael, la Luna, se ubica en el centro, envolviendo la cruz, que es un símbolo comúnmente usado para la Tierra (nótese que la tierra se ubica aquí en el centro de todos los poderes divinos y celestes).

Este es el fin del sello. Espero haber sido lo suficientemente clara desentrañando sus intrincados significados, que a mí en lo personal me exigieron cierto esfuerzo.

Como no quiero alargar la cosa más, les comparto mi poema “Ceremonial” y los dejo con la canción de Enigma, la Puerta del Cielo, de su álbum Seven Lives Many Faces (hablando del número siete…). Ya saben que aprecio mucho sus comentarios y que me encantaría leer lo que piensan de esta entrada.
Ceremonial

Por las perlas de tus ojos,
alfombras de tus manos,
dime, gitana
¿a qué precio tasas mi destino?
¿Merezco el paraíso,
el portal de tus vicisitudes?
¿Merezco un beso casto
o la euforia de tus labios?

Deja que la flama se levante
y que mi corazón sea uno
con las danzas de los hombres.
Deja que las cenizas callen
y que sean nuestras bocas
las que canten nuevos himnos
para colmar así el silencio de las noches.
Tú y yo somos ese instante
en que la casualidad se transforma
en el destino,
en que las notas de las flautas
y las danzas de los faunos
constituyen una nueva sinfonía
nacida para exaltar al hombre.

Permite que los puros nos taches de herejes,
deja que los otros se coronen entre santos,
en esta noche en que bailamos entre
las vehemencias encabritadas
de los instrumentos,
somos en conjunto
los señores de este mundo.

Guarda tu santidad en tus
ánforas doradas,
retira de tu frente amplia
la corona de la juventud,
decórate con musgo
y con el lucero de la madrugada,
envístete de fuego
y simbolízate con pasión.

Demonio de sangre y carne,
madera que ardes pero no te consumes,
pinta con arena roja y pies descalzos
el camino ascendente que hemos de seguir los condenados.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 

1 comentario:

  1. ¡Me fascina leer tus entradas! Parece que cada vez tienes para nosotros un tema más intrigante que el anterior. Al terminar esta edición, quedé con la sensación de aprender algo que solo está reservado para algunos. Es interesantísimo saber que existen esta clase de complejos códigos que cifran el acercamiento a la divinidad, y me lleva a preguntarme si realmente necesitamos tan complejos mecanismos para aproximarnos a un ser que se supone es omnipresente y omnipotente. Tal vez solo sea cuestión de creer y confiar...

    Después de todo, el Sello fue creado por John Dee para entablar una conexión más cercana con Dios. Es un tanto difícil de descifrar, pero la geometría que comprende es casi como una obra de arte (a propósito de la ausencia de pinturas en esta entrada). Podría decirse que su belleza honra la grandeza de nuestra deidad y sus ángeles y arcángeles.

    Me gusta especialmente el hecho de que Dee haya relacionado a Dios con el cosmos, pues esto lo ubica como un creador supremo responsable de la hermosa armonía universal. Es un misticismo disfrazado de ciencia.

    Por otra parte, tu poema me trasmite ese frenesí de la libertad, la coronación de la rebeldía, la magia de los nuevos descubrimientos. Es como un terremoto que quiere destruir todos los paradigmas y los dogmas. Tiene una musicalidad muy vehemente pero a la vez muy bien lograda. Te felicito.

    Por cierto que lo releí mientras escuchaba la canción de Enigma, y eso le agregó una connotación de ritual arcano O.O

    ¡Me encanta leerte! Un abrazo y hasta la próxima

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