Spring

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Primavera en Mannheim, Alemania. Paisaje fotografiado y editado por mí.

domingo, 26 de julio de 2015

El Demonio de lo Sublime

Cuando la santidad se recrea en el pecado y la maldad en lo sublime.

Immaculate, Miles Aldridge.

Ya saben que el arte religioso clásico es uno de mis favoritos. Ya sea pintura, escultura, o cualquier otra representación artística, siempre termino absorta contemplándolo y descubro una y otra vez que verdaderamente lo disfruto. Sin embargo, admito y soy consciente de lo poco flexible que es, por lo que a cualquier otra persona podría llegar a parecerle “más de lo mismo”, o dicho de otra manera, una representación terriblemente encasillada sin recovecos para permitir la experimentación. La iglesia siempre ha gustado de jugar un rol absoluto y de sustentarse en dogmas o verdades absolutas. Así, la santidad está definida dentro de unos cánones de los cuales no es considerado correcto salirse. El bien, los ángeles, los santos, las representaciones de Dios, de su hijo, de la madre de este y de la sagrada familia, siempre cumplen con unas pautas bien definidas y de las que todos podemos dar testimonio. Aún con formas humanas, las figuras en las representaciones son lejanas a la humanidad. Rostros hermosos sumidos en una contemplación meditabunda que resalta su juventud y su beldad, cuerpos gráciles cubiertos vaporosamente por túnicas, gestos finos y delicados pero valerosos, amplias frentes coronadas por la luz de las aureolas, nada mundano, todo perfecto, limpio e inmaculado. Esta es la figura idealizada de la divinidad y la santidad, algo por cuya obtención los humanos, siendo impuros de espíritu por naturaleza, deben consagrar sus facultades más elevadas. Y en contraste, como para mostrar lo que le sucede a aquellos que se dejan seducir por propósitos más humanos y espiritualmente más degradantes, se presentan aquellas imágenes del mal que rayan en lo dantesco, en donde solo hay lugar para la degeneración, el sufrimiento y la fealdad. Al lado (o mejor dicho, debajo) de la gloriosa figura del arcángel miguel, con su fiera espada, su traje de batalla, sus rizos dorados al aire y su expresión de cumplimiento del deber, está la figura del más ilustre enemigo de la cristiandad: el diablo, un tipo de piel oscura, desnudo y poco agraciado que mira rabioso, frustrado e impotente a su verdugo.

¿Pero qué sucede cuando alguien, digamos un artista excepcional, rompe el canon y se atreve a ir un poco más allá y a “rebajar” la divinidad a un plano más humano o a elevar el mal a una esfera más divina? Dependiendo de su ejecución, el intento puede convertirse en una verdadera obra de arte o una propuesta realmente interesante capaz de desarmar incluso a aquellos acérrimos defensores y jueces de lo que es bueno y lo que no lo es.

Para esta ocasión traigo unos cuantos ejemplos de los dos escenarios, uno más contemporáneo que el otro, que despertaron mi admiración precisamente por salirse de lo definido y jugar con nuevas concepciones del bien y del mal. En primer lugar se encuentra la serie de fotografías titulada Immaculate (inmaculada) a cargo del fotógrafo británico Miles Aldridge. Aldridge es un fotógrafo de modas y ha crecido cerca de la celebridad. Su fotografía se distingue por presentar escenas de color explosivo y alucinante, que captan la atención del observador en un instante y tienen mucho del estilo pin-up. Sus heroínas son siempre mujeres sumergidas en escenarios de la vida cotidiana o en un entorno social, cuyos hermosos rasgos rayan en una perfección de muñeca. El momento capturado por la cámara siempre es el instante más dicente, una suerte de composición de cuento de hadas que es capaz de recrear una escena entera con un solo frame. La sensualidad, la feminidad y el erotismo son factores claves en la obra de Aldridge y sus mujeres están hechas para brillar. No obstante, no todo es glamour, o eso no haría al trabajo del fotógrafo diferente de las miles de propuestas fotográficas que se exponen por montones en las revistas de modas. No, lejos de expresar la gloria de la vanidad, estas pintorescas capturas esconden en sus abundantes detalles un diabillo que acecha, disfrazando de sueño colorido a la pesadilla. “Algo no está bien” es una de las primeras cosas que se nos pasan por la cabeza cuando contemplamos las series de Miles, y ese “algo” puede ser cualquier cosa: una expresión, una insinuación, un objeto o incluso algo más abstracto. Sea lo que sea, las imágenes glamurosas terminan siendo una crítica al glamour y a la perfección que se espera de las mujeres, al trato machista que se les prodiga, al encasillamiento en los roles que para ellas se han definido, a los estándares cuya realización es el objeto principal con el que son inculcadas, a la vanidad y al materialismo que vacían sus almas convirtiéndolas en objetos de contemplación para una sociedad que solo se cuida por las apariencias.


Inmaculada es una serie que explota la imagen divina a la cual deben aspirar las mujeres, impuesta por la misma iglesia, pero puesta en un plano completamente diferente. Muy posiblemente inspirado por el Éxtasis de Santa Teresa, del escultor y pintor del barroco Gian Lorenzo Bernini (en donde la santa, que se encuentra en un estado de éxtasis debido al don místico de la transverberación, bien parece que estuviera teniendo un orgasmo), Miles nos presenta a una virgen María muy salida del canon. Recuerdo la primera vez que la vi. Me encontraba en un viaje de esparcimiento en Ámsterdam, capital de los países bajos, cuando vi la fotografía de la virgen con el manto azul (la cual les comparto un poco más abajo en esta entrada) en la estación central de trenes. Entonces me llamó muchísimo la atención, aunque en su momento creí que era alguna fotografía bizarra de algún diseñador que iba a presentar un desfile y, en parte por los afanes del viaje, no le conferí mayor importancia (de lo cual me arrepiento profundamente, porque me tomó más de dos años encontrar la serie y conocer a su autor). Lo que sí recuerdo claramente es el comentario de una de las compañeras que me acompañaban en ese entonces y que también reparó en la fotografía: “esa vieja está en las drogas”.


Y tenía razón. Entre las impresiones que despierta la virgen María de Aldridge puede contarse que está drogada, que está teniendo un orgasmo, que no puede respirar del dolor debido a una pena o que acaba de morir ahogada en un estanque y ha regresado como un espectro de entre los muertos. La piel enfermizamente pálida, los ojos enrojecidos y pesados como de quien padece una fiebre, el cabello húmedo, la expresión de quien se desvanece, así lo insinúan. Sabemos que es la virgen porque, más allá del título de la obra, los elementos clásicos como la túnica, la aureola y el manto así lo constatan, pero también coincidimos en que de inmaculada poco tiene, a pesar de la apariencia irreal de la modelo. 


Aldridge ha sabido cómo jugar con expresiones y sensaciones de lo más humanas y combinarlas, por medio de una composición visual fundamentada en los detalles, con toques divinos, que resaltan la belleza no por su perfección, sino por su juego mortal con el placer y el dolor.

El trabajo de este fotógrafo me parece altamente interesante y les recomiendo que se den la oportunidad de apreciar otros exponentes de él, como lo es una de sus últimas series titulada “I Only Want You to Love Me” (sólo quiero que me ames), la cual es, bajo mi humilde opinión, una muestra representativa de lo que su arte es. Como lugar de partida considero que su página oficial es un buen punto. La pueden visitar en la siguiente dirección:


Immaculate, Miles Aldridge.

Hasta allí respecto al punto de la divinidad humanizada. Ahora vamos al otro. En 1837 el artista belga Guillaume Geefs fue comisionado por la administración de la catedral de San Pablo en Lièje, Bélgica, para diseñar el elaborado púlpito de la misma. El tema era “el triunfo de la religión sobre el genio del mal”, por lo que por un lado del púlpito debían de haber estatuas representando a los santos Pedro, Pablo, Hubert (obispo de Lièje) y Lambert de Maastricht, y por el otro, cerca de la base de las escaleras, una escultura de la imagen por excelencia de la traición y del mal para la religión católica: el ángel caído. Sin embargo, fue el hermano menor de Guillaume, Joseph Geefs, quien ganó la comisión para representar al señor del mal. La escultura, titulada L’ange du Mal (el ángel del mal), fue completada en 1842 e instalada en 1843.

Grande y no muy agradable fue la sorpresa de los clérigos al descubrir que el rey de los caídos, Satanás, símbolo de lo profano, malvado y poco virtuoso, no causaba miedo o repulsión, como era la idea original (aquella de exaltar a los santos a un lado del púlpito aún más por el hecho de que al otro se encontraba un ser castigado por haberse desviado del camino del bien), sino más bien admiración. Y es que Joseph, siguiendo esa tendencia del romanticismo de ver en Lucifer a un héroe trágico al puro estilo de Prometeo, presenta a un jovencito hermoso y melancólico, enmarcado por unas alas de quiróptero y con una serpiente a sus pies (los únicos elementos satánicos del cuadro entero) que, lejos de generar rechazo, enmarcan la fragilidad de un cuerpo muy humano. “Este diablo es demasiado sublime”, declaró la administración de la catedral. “El trabajo está distrayendo a las bonitas señoritas penitentes que deberían estar escuchando el sermón”, insinuó la prensa local. Y es que, tal y como es costumbre en las esculturas de Joseph, el trabajo llama la atención por su perfección de acabado y la gracia, elegancia y poesía de sus líneas. De “Adonis alado” a “diablo enfermizo”, “lánguido y gentil”, las críticas, tanto positivas como negativas, no se hicieron esperar, centrando todas las miradas en el ángel del mal.

L'ange du Mal, Joseph Geefs, 1842.

El agregado de todos estos factores llevó a que finalmente la escultura fuera retirada por orden del obispo van Bommel y que la comisión fuera pasada al hermano mayor de Joseph, Guillaume Geefs, cuyo trabajo Le Génie du Mal (el genio del mal), también conocido informalmente como El Lucifer de Liège, fue instalado permanentemente en 1848. Guillaume intentó cubrir los flancos por los cuales habían atacado a la obra de su hermano, sin salirse completamente, sin embargo, de esa línea romántica.

El Lucifer de Guillaume es mucho más masculino, muestra menos carne que el de Joseph y presenta una posición menos sensual, además de más elementos y símbolos satánicos, de manera que el conjunto pierde ligeramente la humanidad. La expresión del ángel cambia de una de serena fiereza (en la obra de Joseph) a una de dolor y desesperación, revelada por un rostro compungido y por una única lágrima que brota del ojo izquierdo de la estatua. El brazo derecho de la misma guía nuestra atención hacia los diminutos cuernos que se insinúan en  su cabeza, las alas de quiróptero se conservan, mientras que otros detalles como los grilletes alrededor de su pierna derecha y muñeca izquierda, la fruta prohibida mordida, las diminutas garras en las uñas de los dedos de sus pies, el cetro quebrado con una estrella en su punta y la corona desgastada en su mano (que lo definen como el ex lucero de la madrugada), son adicionados para reforzar la iconografía católica y representar el verdadero castigo, padecimiento y esclavitud del antagonista de Dios. El trabajo, sin embargo, no deja con esto de tener una belleza y un atractivo que crean en el observador una cierta simpatía con la víctima de todo ese sufrimiento.

Le Génie du Mal, Guillaume Geefs, 1848.

Todas estas obras, tanto las de Aldridge como la de los hermanos Geefs, exploran nuevas dimensiones de los preceptos establecidos, en este caso por la religión, y presentan, de una manera muy profesional y artísticamente muy atractiva, la otra cara de la moneda. Tal vez sea por ello que obras como estas llaman la atención, pues como humanos, sentimos afinidad por las cosas que se acercan a nuestra naturaleza. Y aunque esa atención, esa simpatía, pueda venir oculta por el rechazo y la indignación, quedará grabada en nuestros pensamientos, llevándonos a descubrir que nos cuesta dejar de pensar y volver una y otra vez sobre aquello que, por reglas preestablecidas, se sale de nuestros cánones.

Paso a compartirles mi poema Arcano y una canción del proyecto Luciferian Light Orchestra titulada Dante and Diabaulus.

Arcano

Nunca me ofrendaste con ninguna de tus gracias
y nunca tuve la entereza de pedirte que lo hicieras.

Asistí a tus ceremoniales
y vestí la túnica de Neptuno,
mientras mis manos acariciaban
los bordes inconclusos de las estrellas.

Dancé al ritmo de tus reverberaciones
y crecí dentro de los límites de lo imposible,
pero nunca probé el vino que se asentaba
en la profundidad sobria de tu copa de plata.

¿Qué palabras podrían alivianar tu espíritu?
¿Qué guerra o qué victoria podrán apaciguarte?

No basta con caer y con forjar una corona con la sangre en tus rodillas.
No basta con sufrir nuestros placeres,
ni con sentir que con cada paso dado
el destino nos conjuga una nueva prueba.

Tu celador jamás se mostrará más implacable.

Pero es ahora, en este instante de silencio
tergiversado por el fuego mudo de tus ojos,
cuando dominas el honor de mostrarte como eres.
Cuando alivianas la palma y rediseñas
cada una de las líneas de tu mano.

Parado sobre tus ambiciones y levantando
el peso de tus autoproclamados designios
aprendiste a trascender de lo mortal y lo divino. 

Eres de Dios el arcano más oscuro.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 


Muchas gracias por leer. Espero sus comentarios. Si tienen ideas sobre alguna entrada o algún tema que les gustaría discutir, estoy abierta a sugerencias.

PD: ¿Soy yo o estas entradas están cada vez más largas? ¡Prometo controlarme para la próxima! :p.

4 comentarios:

  1. Muyyy bueno, me encanta el tema, y leyéndolo aprendí más de historia ;)

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  2. Sencillamente genial, sabes lo mucho que me gustan este tipo de cosas, infortunadamente muchas veces no dedico mi tiempo a buscar o aprender sobre estas cosas que tanto me llaman la atención, y gracias a ti, en estas entradas, tengo la oportunidad de hacerlo. Por esta razón una vez más, te agradezco por estos "escapes de la realidad".

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  3. ¡Esta entrada estuvo excelente! Como siempre, logras crear algo muy interesante al presentarnos tus opiniones respecto a temas muy diversos, a la vez que nos enseñas algo que seguramente no conocíamos. E

    El arte occidental ha estado recurrentemente poblada por temas religiosos, específicamente católicos. Pero a través del tiempo, cada obra fue permeada por la época en que fue creada y por los sentimientos, caprichos y consideraciones de los artistas. Aquellos que se atrevieron a rechazar los estándares que la Iglesia exigía fueron muy temerarios al seguir su creatividad, puesto que esta era la única manera de explorar más a fondo la religiosidad. Romper aquellos esquemas, aquellos cánones tan rígidos le permitió al mundo evaluar todo desde una perspectiva más terrenal, más humana.

    No conocía a Miles Aldrige, pero después de ver las fotografías que nos compartiste, quede muy conmovida por su trabajo. No sé mucho de este campo artístico, pero me parece que él tiene un genio para captar icónicas escenas con un mensaje bastante polémico en el fondo. Immaculate es una muestra de ello, porque nos incomoda al plasmar a la Virgen María de una manera más erótica, atrevida y a la vez mundana sin dejar de ser elegante.

    Por otro lado, la historia de las esculturas de los hermanos Geef es muy interesante. Siempre Lucifer ha sido retratado en el arte con las mismas características y pareciese que esto se debe a que el artista siempre lo incluye por deber como un elemento más de la obra. No obstante, los Geef logran darnos dos retratos surgidos de su ingenio e imaginación, lo cual los hace únicos. No solo las esculturas están bellamente ejecutadas, sino que logran trasmitir una miríada de emociones en la facciones del ex-lucero de la mañana. Personalmente, me gusta más la de Guillaume; ese "Genio del Mal" reluce claramente a través de su expresión su confusión. Es como si se estuviese preguntando "¿Qué hice? ¿Por qué lo hice?" y aún no hubiese decidido si sus actos le resultaron satisfactorios.

    En cuanto a tu poema, no sé si se deba a que acababa de leer la historia de las esculturas, pero me pareció que estaba dedicado a algún demonio. Pero sé que no es así porque tú misma me lo confirmaste. Es genial, tiene una musicalidad asombrosa y ese tono rebelde que tanto te caracteriza.
    ¡Increíble!

    Espero que sigas escribiendo.

    Un abrazo mi Tefa.

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  4. "No basta con sufrir nuestros placeres". La elección del verbo ahí estuvo , para mantener la temática, orgásmica

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