Spring

Spring
Primavera en Mannheim, Alemania. Paisaje fotografiado y editado por mí.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Las Hijas del Espino

"[...] Esto que me lleva
lejos de mi amor
es un árbol,
el preferido de las reinas,
y somos nosotras
del Espino,
sus raíces."

- Annabella Byron, Lucía Estrada.

The Three Sisters, Nona Limmen.

Pocas cosas de este país siento y vivo con energía como la poesía de los maravillosos exponentes Colombianos. Personas que han vivido y sufrido la vida de mil maneras diferentes y que han tenido la sensibilidad para expresar ideas, sentimientos, anhelos y recuerdos de una forma que reinventa al idioma y le da nuevas alas para alcanzar planos antes inalcanzables.

Estoy segura que, aún sin un acercamiento a la poesía, muchos nombres les sonarán familiares, sea José Asunción Silva, Aurelio Arturo, León de Greiff, Porfirio Barba Jacob o muchos otros a los cuales el tiempo se ha encargado de posicionar arraigadamente en el sentir de un pueblo. Pero también es cierto que hay otros talentos, tal vez más contemporáneos, que pasan desapercibidos, o mejor, que apenas se están revelando como los magníficos artistas que son.

El día de hoy deseo hablarles de una poetisa nacida en 1980 en la Ciudad de Medellín, a quien llegué casi por coincidencia. Su nombre es Lucía Estrada. Hace un año y medio aproximadamente me encontraba en la Librería Nacional, ojeando las secciones para pasar el rato. Pasé rápidamente la de literatura fantástica y llegué a la de poesía. Siempre hay libros grandes que llaman mucho la atención, pero cuyo contenido no siempre disfruto, y otros muchos más pequeños perdidos entre esos. Casi al azar tome uno de esos libros delgados (de esos que no llegan ni a las 100 páginas) y le eché una ojeada a la portada. “Premio de Poesía Ciudad de Medellín 2005. LAS HIJAS DEL ESPINO. Lucía Estrada.” Abrí una página cualquiera y bajo el título de Clitemnestra leí:

"El brillo de tres espadas
se consuma hoy
en mis manos:

elige
a cuál de todos

               confiarte."

No recuerdo muy bien qué fue lo que más me gustó en ese instante. Si el hecho que el poema se refería a la mitología griega, o la manera en que estaba escrito en pequeñas partes, o que tal vez no me esperara un escrito sobre la reina de Micenas en un libro de poesía Colombiana. Pudo haber sido todo eso, por supuesto, pero en este momento puedo decir con seguridad que lo que más me gusta es que seis líneas de escasamente tres o cuatro palabras cada una logren ser tan elocuentes. El poema nos ubica en un instante preciso de tiempo, no en un lapso de días, horas o minutos, sino en un segundo en donde tenemos que decidir el futuro de nuestro destino. Estamos ante la presencia de una mujer con poder que nos dice “tres caminos hay para ti, los tres me pertenecen. Elige el precipicio por el que vas a despeñarte”. Pero también es un diálogo de la reina consigo misma, una pregunta sobre su devenir y lo que ahora en adelante será.

Este primer poema me brindó, aún sin yo saberlo, una visión clara de lo que es la poesía de Estrada. En ella se entretejen lo mítico, el destino, la evocación, el misticismo, el olvido, la contemplación y el porqué, por medio de un lenguaje que deja de lado los adornos y se decanta por lo sobrio y contundente.

En Las Hijas del Espino conocemos a 51 mujeres y a los móviles de sus existencias tal y como son, ellas mismas en medio de sus circunstancias, mientras que al mismo tiempo somos encarados por sus preguntas, por sus dudas, por sus temores, por sus silencios y por su mismísima existencia. Mujeres de la mitología griega como Circe o Medea, mujeres muertas en la hoguera como Prisca o Guitamonda, artistas como Remedios Varo, escritoras como Sylvia Plath, compañeras de músicos como Cósima Wagner, escultoras como Camille Claudel, diagnosticada de esquizofrenia y recluida en un asilo hasta el día de su muerte, nos hablan a través de cada página y nos invitan a conocer su nombre, a imaginar sus rostros y a salvarlas del olvido y de la sombra de aquellos que en vida les arrebataron su apellido.

Como no vendrás a la cena de mis muertos,
ni sabrás para quién cavo esta tumba,
pongo desde ya
bajo tu lengua,
la hostia viva de mis alucinaciones.

Cada quien tomó su camino,
de izquierda a derecha
el más profundo.
Cada quien siguió atado
a la cinta mortal de su locura.

Escribe para que no vuelvan,
que yo comeré y beberé, como Alicia,
el rojo resplandor de la fiesta,
mientras el mundo termina de cerrarse
sobre mí.

No te asombres
si nuestras palabras
no son las de antes,
si nuestro destino, tal como se construye,
nos golpea el rostro y nos hiere
y nos deja completamente ciegos.

¿Qué hacer cuando ellos nos empujan?

Esa legión de ángeles ebrios,
terribles como el rostro
que se refleja por última vez.

No tardes.
Ya nadie nos espera.

- Zelda Sayre.

Hay nombres que exigen una búsqueda, palabras misteriosas que exigen ser desentrañadas, acciones que esperan ser entendidas, y es en este ejercicio en donde descubrimos y reinventamos a cada una de estas mujeres y quitamos un poco el polvo que se ha asentado en su recuerdo. Lucía Estrada le da voz y cabida a cada una de estas mujeres en sus versos, pero también nos enfrenta y nos pone cada a cara con el misterio de nuestro destino.

"Si preguntaras
a la piedra
respondería con tu nombre

el propio corazón
es el oráculo."

-Yocasta.

No me queda más que recomendarles que lean el trabajo maravilloso de Lucía, el cual en parte ha influenciado lo que yo escribo. Las Hijas del Espino no es su único libro, pero es un punto de partida con el que vale la pena empezar. Leyéndola jamás nos veremos perdidos en palabrerías innecesarias y ostentosas, nos veremos enfrentados por la terrible verdad de la realidad.

Finalmente, quiero compartirles mi poema Advenimiento y la canción Voveso in Mori de la banda Eluvietie. Les agradezco por leerme y por dejarme sus comentarios.

Advenimiento

Mira a través de mí
con tus ojos de fogata
y pasa las páginas de mi corazón
con el asombro que incita
la lectura de un libro sagrado.

No pretendas que sonría
como cuando éramos jóvenes.

Los pájaros en mi ventana
se tornaron en cuervos
que callan en el día y
graznan en la noche.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 


"Que mis ojos mientan
                      lo que han visto
            esta noche

un gran augurio:
       ¡oh rey!
         el Cuervo
             se ha posado
                                sobre nuestras coronas."

- Hécuba.


Referencias:

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sigillum Dei Aemaeth

"Alabado sea Dios en todos sus misterios y santificado en todo su trabajo. Este sello no debe ser observado sin gran reverencia y devoción.
Oh, Gran Sello de Verdad y Misterio, 
que las corrientes de poder que simbolizas fluyan en paz y armonía 
a través de las fuerzas que representas!"


Y por fin llega la entrada prometida, aquella que tenía pensado publicar el día del aniversario del blog y que terminé aplazando hasta ahora. En ese entonces había mencionado que trataría un tema místico, aunque eso ya lo habrán inferido si han visto el pentagrama de arriba. Aunque no me considero especialmente supersticiosa, los temas relacionados con religiones muy o poco conocidas, órdenes, cultos paganos, disciplinas, ocultismo, misterios de las civilizaciones, magia, entre otros, me llaman muchísimo la atención. Como tal, cada uno de estos campos representa una disciplina en menor o mayor medida madura con todo un contexto de fondo que, en su tiempo, logró gozar de popularidad o ser discriminada socialmente.

El día de hoy quiero hablarles sobre el Sigillum Dei, el Sello de Dios, un diagrama mágico cuya función es la de otorgarle a su portador, quien debe haber logrado la visión sagrada de Dios y sus ángeles, un poder sitiado por encima del de todas las criaturas vivientes, a excepción de los arcángeles. Este símbolo es más conocido por las escrituras y artefactos de John Dee, quien finalmente le dio el nombre de Sigillum Dei Aemaeth, o Sello de la Verdad de Dios. John Dee fue un matemático, astrónomo, astrólogo, ocultista, filósofo, navegante, consejero político, entre otros, que dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia, la adivinación y la filosofía hermética (sí, el hermetismo, esa tradición filosófica y religiosa basada en los textos supuestamente dejados por el personaje mítico de Hermes Trimegisto, o “Tres Veces Grande”). Dee invirtió sus últimas décadas en intentar comunicarse con los ángeles y en aprender el lenguaje universal de la creación. Si bien el Sigillum Dei aparece en textos como el Liber Juratis (uno de los más importantes Grimorios de magia cabalística) y el Oedipus Aegyptiacus (el trabajo supremo de Athanasius Kircher sobre egiptología), fue Dee quien lo popularizó, al estudiarlo y modificarlo, creando así su propia versión.

El sistema de magia angélica de Dee, conocido como magia Enochiana, es un sistema de magia ceremonial basado en la invocación y comando de espíritus fuertemente arraigado con el número siete, el cual a su vez se relaciona con los siete planetas tradicionales de la astrología. Como tal, el Sigillum Dei Aemeth se compone principalmente de heptagramas (estrellas de siete puntas) y heptágonos (polígonos de siete lados).

El anillo exterior del Sello contiene los nombres de siete ángeles, cada uno asociado con un planeta. Para hallar el nombre de estos ángeles se deben ubicar en primera instancia las letras en mayúscula. Si la letra tiene un número sobre ella, se debe contar ese número de casillas en el sentido de las manecillas del reloj. Si, por el contrario, el número se encuentra debajo, la cuenta se realiza en el sentido contrario. Repetir este procedimiento genera las siguientes entidades, las cuales son asociadas a Ángeles de Luz, correspondientes a los poderes más interiores de Dios, que nadie, salvo él mismo, conoce:

Thaaoth (Marte)
Galaas (Saturno)
Gethog (Júpiter)
Horlwn (el Sol)
Innon (Venus)
Aaoth (Mercurio)
Galethog (la Luna)

Como ya he dicho, cada Ángel de Luz se corresponde con cada uno de los siete planetas reconocidos en la astrología, que a su vez se encuentran asociados a siete metales y símbolos en la alquimia.


En la parte interior del anillo exterior hay siete sigilos que, leídos en contra de las manecillas del reloj, reproducen la palabra “Galethog”. Estos sigilos son los Siete Asientos del Dios Único y Eterno, sus Siete Ángeles Secretos procedentes de cada letra que se refieren en sustancia al Padre, en forma al Hijo y ocultamente al Espíritu Santo.

Galethog.
Primer sigil: Galaas. Segundo sigil: Gethog. Tercer sigil: Thaaoth. Cuarto sigil: Horlwn. Quinto sigil: Innon. Sexto sigil: Aaoth. Sétimo sigil: Galethog.

Continuando con nuestro camino hacia el interior del sello nos encontramos con el heptágono exterior, en donde se encuentran consignados los nombres de los siete ángeles que se encuentra de pie ante la presencia de Dios. Cada lado del heptágono contiene siete casillas, de forma que para encontrar los nombres angélicos se requiere trasponer cada lado de forma que quede formando una columna en una matriz 7X7. Los nombres proceden de la lectura de cada fila de dicha matriz, dando saltos de línea de ser necesario hasta encontrar la siguiente mayúscula. Así:

Produce:

Zaphkiel (Saturno)
Zadkiel (Júpiter)
Cumael (Marte)
Raphael (el Sol)
Haniel (Venus)
Michael (Mercurio)
Gabriel (la Luna)

Los cinco niveles siguientes están todos basados en un arreglo matricial de 7X7. A saber:


Este arreglo se consigue de tomar las frases ubicadas ente el heptágono exterior y el más externo de los heptagramas y de ubicarlas una debajo de la otra. Los grupos de nombres se consiguen recorriendo la matriz en diferentes direcciones. Los nombres de los arcángeles planetarios, por ejemplo, se encuentran escritos en zigzag, empezando desde la esquina superior izquierda (la S) y moviéndose hacia la derecha (el “el” de cada nombre se omite en la matriz). 


Tomando nota de las letras por las cuales se atraviesa al seguir el camino en zigzag y adicionando “el” al final de lo obtenido formamos:

Sabathiel (Saturno)
Zedekieiel (Júpiter)
Madimiel (Marte)
Semeliel (el Sol)
Nogahel (Venus)
Corabiel (Mercurio)
Levanael (la Luna)

Como tal, los nombre entre el heptágono y el heptagrama exteriores, obtenidos de cada fila de la matriz, son los “nombres de Dios, no conocidos por los ángeles, que no pueden ser pronunciados ni leídos por el hombre”. Estos nombres representan a los Gobernantes Celestes próximos a nosotros, por lo que el sello, leído de su estructura más externa hacia adentro, es una representación del descenso del poder de Dios hacia el mundo.

Existen cuatro niveles adicionales de seres dentro del sigilo, los Hijos y las Hijas:

"Cada letra de los nombres de los Arcángeles da a luz siete hijas. Cada hija produce a su hija, con lo cual son siete. Cada hija de hija da a luz un hijo. Cada hijo en sí mismo es siete. Cada hijo tiene su hijo, y su hijo es siete."

Los siete nombres dentro de cada esquina del heptagrama exterior corresponden a los nombres de las Hijas de la Luz, que también pueden ser leídos en la matriz 7X7, la misma de la que se derivan, leyendo en zigzag como habíamos visto, los nombres de los Arcángeles Planetarios. A diferencia, los nombres de las Hijas se obtienen de esta matriz empezando desde la esquina superior derecha y avanzando en diagonal de izquierda a derecha.

Los nombres dentro de las líneas de los heptagramas son los Hijos de la Luz, que también pueden ser obtenidos de la matriz de la misma forma que con las Hijas. En realidad, los nombres de las Hijas empiezan con la E en la esquina superior derecha del arreglo y terminan en la diagonal que une la esquina superior izquierda con la esquina inferior derecha (stimcul). Los nombres de los Hijos empiezan en dicha diagonal (nuevamente stimcul) y terminan en la esquina inferior izquierda.

Los nombres en los dos heptágonos centrales corresponden a las Hijas de las Hijas y los Hijos de los Hijos, los cuales se obtienen de la matriz leyendo en diagonal, empezando de la esquina superior izquierda hasta la diagonal que une la esquina superior derecha con la esquina inferior izquierda para las Hijas de las Hijas, y de la diagonal hasta la esquina inferior derecha para los Hijos de los Hijos.

Finalmente, en el centro del sello, nos encontramos con un pentagrama en donde se repiten los nombres de los Espíritus Planetarios. “Zabathiel” (sin “el”) se ubica en el exterior, alrededor de la estrella. Los siguientes cinco espíritus se encuentran cerca al centro, formando un círculo y con las iniciales enmarcadas dentro de las esquinas del pentagrama. Levanael, la Luna, se ubica en el centro, envolviendo la cruz, que es un símbolo comúnmente usado para la Tierra (nótese que la tierra se ubica aquí en el centro de todos los poderes divinos y celestes).

Este es el fin del sello. Espero haber sido lo suficientemente clara desentrañando sus intrincados significados, que a mí en lo personal me exigieron cierto esfuerzo.

Como no quiero alargar la cosa más, les comparto mi poema “Ceremonial” y los dejo con la canción de Enigma, la Puerta del Cielo, de su álbum Seven Lives Many Faces (hablando del número siete…). Ya saben que aprecio mucho sus comentarios y que me encantaría leer lo que piensan de esta entrada.
Ceremonial

Por las perlas de tus ojos,
alfombras de tus manos,
dime, gitana
¿a qué precio tasas mi destino?
¿Merezco el paraíso,
el portal de tus vicisitudes?
¿Merezco un beso casto
o la euforia de tus labios?

Deja que la flama se levante
y que mi corazón sea uno
con las danzas de los hombres.
Deja que las cenizas callen
y que sean nuestras bocas
las que canten nuevos himnos
para colmar así el silencio de las noches.
Tú y yo somos ese instante
en que la casualidad se transforma
en el destino,
en que las notas de las flautas
y las danzas de los faunos
constituyen una nueva sinfonía
nacida para exaltar al hombre.

Permite que los puros nos taches de herejes,
deja que los otros se coronen entre santos,
en esta noche en que bailamos entre
las vehemencias encabritadas
de los instrumentos,
somos en conjunto
los señores de este mundo.

Guarda tu santidad en tus
ánforas doradas,
retira de tu frente amplia
la corona de la juventud,
decórate con musgo
y con el lucero de la madrugada,
envístete de fuego
y simbolízate con pasión.

Demonio de sangre y carne,
madera que ardes pero no te consumes,
pinta con arena roja y pies descalzos
el camino ascendente que hemos de seguir los condenados.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 

domingo, 16 de agosto de 2015

El Lamento de Ícaro

Ícaro
(I)

Yo soy de los opuestos,
y me complazco en vestir
esta soledad como la piel
que viste el lobo.
Una rosa alquitranada
en un pozo de cemento.
Abre bien los ojos
y mírame si es que piensas
que puedes alcanzarme.
A este manto que me cubre
he teñido de crepúsculo,
y la luz que he conquistado
en mis ánforas guardado.

Partiste siendo lirio
y volviste siendo espada
y mi cuerpo, en esta espera,
por la muerte fue moldeado.
Ahora brillas demasiado
y te alzas muy alto
para estos ojos
a las sombras habituados.

He tejido una mortaja
con los días del pasado
y con suma ligereza
la he tendido en tu
recuerdo.
Ha de ser por ello
que me he rendido
a las suaves y gentiles
caricias de los
muertos.

¡Oh, juventud! Bienvenida al paraíso,
ven a contemplar las virtudes
de aquel que vendió su alma al dolor.

Si rehúyes mi mirada,
nada esperes de mis ojos.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 

The Lament for Icarus, Herbert James Draper, 1898.

Ha llegado un nuevo mes y con él la oportunidad de volver a compartir un nuevo espacio con ustedes en mi blog. Espero que esta entrada llegue a ser más corta que las dos pasadas, que, como seguramente lo notaron, son eternas. Para esta ocasión quiero compartirles dos poemas de mi autoría inspirados indirectamente en Ícaro y de paso aprovechar la oportunidad para narrares un poco sobre este personaje de la mitología del que seguramente han escuchado hablar.

Ícaro era hijo de Dédalo, un reconocido arquitecto, artesano, escultor e inventor (la viva representación de la evolución científica) ateniense, famoso por haber diseñado el laberinto del rey Minos de Creta para encerrar al minotauro, un monstruo mitad hombre mitad toro nacido de la esposa del rey con el toro de Creta. Según la mitología, Poseidón, señor de las aguas, hizo salir al toro para que Minos lo sacrificara en su nombre. El rey encontró al animal tan esplendoroso que prefirió guardárselo como semental, incurriendo así en la ira del dios, quien como represalia hizo que la reina Pasífae se enamorara del toro y concibiera al híbrido.

Minos solía ofrecer sacrificios a la bestia, encerrándolos en el laberinto para que esta los matara. Tal es el caso de Teseo, hijo del noveno rey de Atenas Egeo, quien se postula como sacrificio voluntario para matar al minotauro de una vez por todas. Ariadna, hija del rey de Creta, se enamora del héroe en cuanto lo ve y, apenada por la posible muerte de este, le ofrece secretamente una bola de estambre que recibe de Dédalo para que el joven marque el camino recorrido. Teseo sigue los consejos que Dédalo le hace llegar a través de Ariadna y consigue llegar al centro del laberinto y darle muerte al minotauro.

Por la ayuda brindada al joven héroe, Dédalo es considerado un traidor y encerrado junto a su hijo Ícaro en el laberinto. Sabiendo que el rey Minos controlaba las rutas terrestres y marinas, Dédalo ingenia una manera de escapar por el único medio que se encuentra libre: el aire. El inventor trabaja entonces en dos pares de alas hechas de plumas unidas con cera para él y su hijo. Comprobado que funcionan, le ofrece un par a Ícaro, aconsejándole que no vuele ni muy alto ni muy bajo, sino que siga su guía, pues el sol o el agua del mar pueden llegar a dañar el artefacto. Los dos escapan, y en medio de la euforia del vuelo, Ícaro olvida las advertencias de su padre, elevándose por los aires más de lo debido, al punto que el calor del sol derrite la cera de sus alas. Aleteando inútilmente, Ícaro cae desde las alturas para ser recibido por las fauces del mar.

La historia da muestra de la fatalidad que la complacencia y el orgullo traen tanto sobre el ser humano como sobre los seres divinos. Muchos otros personajes mitológicos de otras religiones también han encontrado su desgracia al intentar elevarse más alto que el sol o que Dios mismo. Igualmente, el mito es un recordatorio de lo dañinos que los extremos pueden llegar a ser si el camino de la vida no se transita con mesura y escuchando los consejos de la sabiduría.

Ícaro
(II)

Aún si por medio de la presente lisonja
pretendo evitarle el trago pérfido de mi amarga indiferencia,
no aspiro a incurrir en innecesarias incongruencias,
ni en escritas con vana mano disfrazadas falsedades.

Es mi corazón de mi austera presencia callado prisionero
y no es usted, aunque ilustre, el elegido caballero
cuya predestinada comparecencia ante el tribunal de mis sentimientos
ha de dispensarlo de la mano férrea de mis trazadas estribaciones.

Entienda que mi hastío no pretende ser su verdugo impersonal,
ni que mis barajados silencios se regodean en agredir de afabilidad sus efluvios,
pero es mi alma un dios terrible seducido entre los pliegues de sus desvergüenzas
por el fervor y la excitación vertidos en tornasoles juegos indiscretos de las más extrañas alabanzas.

No dedique pues sus excelsas facultades a la tarea ingrata de intentar mutarme
- alevoso idilio despreciado por los ángeles-
ni convoque usted a Eros para que con sus de rojo tinte dardos
le de muerte a un Ícaro que desgraciadamente se ha elevado demasiado.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago 

Finalmente, les comparto la canción titulada From the Dionysian Days, del álbum Crowning of Atlantis de la banda sueca Therion, la cual, por si no lo han notado teniendo en cuenta la cantidad de canciones de ellos que coloco, es una de mis favoritas.


Muchas gracias a los que comentaron la entrada pasada, ando poniéndome al día con las respuestas. Como siempre, aprecio mucho el tiempo que dedican a leerme y a dejarme su opinión.

Saludos.

domingo, 26 de julio de 2015

El Demonio de lo Sublime

Cuando la santidad se recrea en el pecado y la maldad en lo sublime.

Immaculate, Miles Aldridge.

Ya saben que el arte religioso clásico es uno de mis favoritos. Ya sea pintura, escultura, o cualquier otra representación artística, siempre termino absorta contemplándolo y descubro una y otra vez que verdaderamente lo disfruto. Sin embargo, admito y soy consciente de lo poco flexible que es, por lo que a cualquier otra persona podría llegar a parecerle “más de lo mismo”, o dicho de otra manera, una representación terriblemente encasillada sin recovecos para permitir la experimentación. La iglesia siempre ha gustado de jugar un rol absoluto y de sustentarse en dogmas o verdades absolutas. Así, la santidad está definida dentro de unos cánones de los cuales no es considerado correcto salirse. El bien, los ángeles, los santos, las representaciones de Dios, de su hijo, de la madre de este y de la sagrada familia, siempre cumplen con unas pautas bien definidas y de las que todos podemos dar testimonio. Aún con formas humanas, las figuras en las representaciones son lejanas a la humanidad. Rostros hermosos sumidos en una contemplación meditabunda que resalta su juventud y su beldad, cuerpos gráciles cubiertos vaporosamente por túnicas, gestos finos y delicados pero valerosos, amplias frentes coronadas por la luz de las aureolas, nada mundano, todo perfecto, limpio e inmaculado. Esta es la figura idealizada de la divinidad y la santidad, algo por cuya obtención los humanos, siendo impuros de espíritu por naturaleza, deben consagrar sus facultades más elevadas. Y en contraste, como para mostrar lo que le sucede a aquellos que se dejan seducir por propósitos más humanos y espiritualmente más degradantes, se presentan aquellas imágenes del mal que rayan en lo dantesco, en donde solo hay lugar para la degeneración, el sufrimiento y la fealdad. Al lado (o mejor dicho, debajo) de la gloriosa figura del arcángel miguel, con su fiera espada, su traje de batalla, sus rizos dorados al aire y su expresión de cumplimiento del deber, está la figura del más ilustre enemigo de la cristiandad: el diablo, un tipo de piel oscura, desnudo y poco agraciado que mira rabioso, frustrado e impotente a su verdugo.

¿Pero qué sucede cuando alguien, digamos un artista excepcional, rompe el canon y se atreve a ir un poco más allá y a “rebajar” la divinidad a un plano más humano o a elevar el mal a una esfera más divina? Dependiendo de su ejecución, el intento puede convertirse en una verdadera obra de arte o una propuesta realmente interesante capaz de desarmar incluso a aquellos acérrimos defensores y jueces de lo que es bueno y lo que no lo es.

Para esta ocasión traigo unos cuantos ejemplos de los dos escenarios, uno más contemporáneo que el otro, que despertaron mi admiración precisamente por salirse de lo definido y jugar con nuevas concepciones del bien y del mal. En primer lugar se encuentra la serie de fotografías titulada Immaculate (inmaculada) a cargo del fotógrafo británico Miles Aldridge. Aldridge es un fotógrafo de modas y ha crecido cerca de la celebridad. Su fotografía se distingue por presentar escenas de color explosivo y alucinante, que captan la atención del observador en un instante y tienen mucho del estilo pin-up. Sus heroínas son siempre mujeres sumergidas en escenarios de la vida cotidiana o en un entorno social, cuyos hermosos rasgos rayan en una perfección de muñeca. El momento capturado por la cámara siempre es el instante más dicente, una suerte de composición de cuento de hadas que es capaz de recrear una escena entera con un solo frame. La sensualidad, la feminidad y el erotismo son factores claves en la obra de Aldridge y sus mujeres están hechas para brillar. No obstante, no todo es glamour, o eso no haría al trabajo del fotógrafo diferente de las miles de propuestas fotográficas que se exponen por montones en las revistas de modas. No, lejos de expresar la gloria de la vanidad, estas pintorescas capturas esconden en sus abundantes detalles un diabillo que acecha, disfrazando de sueño colorido a la pesadilla. “Algo no está bien” es una de las primeras cosas que se nos pasan por la cabeza cuando contemplamos las series de Miles, y ese “algo” puede ser cualquier cosa: una expresión, una insinuación, un objeto o incluso algo más abstracto. Sea lo que sea, las imágenes glamurosas terminan siendo una crítica al glamour y a la perfección que se espera de las mujeres, al trato machista que se les prodiga, al encasillamiento en los roles que para ellas se han definido, a los estándares cuya realización es el objeto principal con el que son inculcadas, a la vanidad y al materialismo que vacían sus almas convirtiéndolas en objetos de contemplación para una sociedad que solo se cuida por las apariencias.


Inmaculada es una serie que explota la imagen divina a la cual deben aspirar las mujeres, impuesta por la misma iglesia, pero puesta en un plano completamente diferente. Muy posiblemente inspirado por el Éxtasis de Santa Teresa, del escultor y pintor del barroco Gian Lorenzo Bernini (en donde la santa, que se encuentra en un estado de éxtasis debido al don místico de la transverberación, bien parece que estuviera teniendo un orgasmo), Miles nos presenta a una virgen María muy salida del canon. Recuerdo la primera vez que la vi. Me encontraba en un viaje de esparcimiento en Ámsterdam, capital de los países bajos, cuando vi la fotografía de la virgen con el manto azul (la cual les comparto un poco más abajo en esta entrada) en la estación central de trenes. Entonces me llamó muchísimo la atención, aunque en su momento creí que era alguna fotografía bizarra de algún diseñador que iba a presentar un desfile y, en parte por los afanes del viaje, no le conferí mayor importancia (de lo cual me arrepiento profundamente, porque me tomó más de dos años encontrar la serie y conocer a su autor). Lo que sí recuerdo claramente es el comentario de una de las compañeras que me acompañaban en ese entonces y que también reparó en la fotografía: “esa vieja está en las drogas”.


Y tenía razón. Entre las impresiones que despierta la virgen María de Aldridge puede contarse que está drogada, que está teniendo un orgasmo, que no puede respirar del dolor debido a una pena o que acaba de morir ahogada en un estanque y ha regresado como un espectro de entre los muertos. La piel enfermizamente pálida, los ojos enrojecidos y pesados como de quien padece una fiebre, el cabello húmedo, la expresión de quien se desvanece, así lo insinúan. Sabemos que es la virgen porque, más allá del título de la obra, los elementos clásicos como la túnica, la aureola y el manto así lo constatan, pero también coincidimos en que de inmaculada poco tiene, a pesar de la apariencia irreal de la modelo. 


Aldridge ha sabido cómo jugar con expresiones y sensaciones de lo más humanas y combinarlas, por medio de una composición visual fundamentada en los detalles, con toques divinos, que resaltan la belleza no por su perfección, sino por su juego mortal con el placer y el dolor.

El trabajo de este fotógrafo me parece altamente interesante y les recomiendo que se den la oportunidad de apreciar otros exponentes de él, como lo es una de sus últimas series titulada “I Only Want You to Love Me” (sólo quiero que me ames), la cual es, bajo mi humilde opinión, una muestra representativa de lo que su arte es. Como lugar de partida considero que su página oficial es un buen punto. La pueden visitar en la siguiente dirección:


Immaculate, Miles Aldridge.

Hasta allí respecto al punto de la divinidad humanizada. Ahora vamos al otro. En 1837 el artista belga Guillaume Geefs fue comisionado por la administración de la catedral de San Pablo en Lièje, Bélgica, para diseñar el elaborado púlpito de la misma. El tema era “el triunfo de la religión sobre el genio del mal”, por lo que por un lado del púlpito debían de haber estatuas representando a los santos Pedro, Pablo, Hubert (obispo de Lièje) y Lambert de Maastricht, y por el otro, cerca de la base de las escaleras, una escultura de la imagen por excelencia de la traición y del mal para la religión católica: el ángel caído. Sin embargo, fue el hermano menor de Guillaume, Joseph Geefs, quien ganó la comisión para representar al señor del mal. La escultura, titulada L’ange du Mal (el ángel del mal), fue completada en 1842 e instalada en 1843.

Grande y no muy agradable fue la sorpresa de los clérigos al descubrir que el rey de los caídos, Satanás, símbolo de lo profano, malvado y poco virtuoso, no causaba miedo o repulsión, como era la idea original (aquella de exaltar a los santos a un lado del púlpito aún más por el hecho de que al otro se encontraba un ser castigado por haberse desviado del camino del bien), sino más bien admiración. Y es que Joseph, siguiendo esa tendencia del romanticismo de ver en Lucifer a un héroe trágico al puro estilo de Prometeo, presenta a un jovencito hermoso y melancólico, enmarcado por unas alas de quiróptero y con una serpiente a sus pies (los únicos elementos satánicos del cuadro entero) que, lejos de generar rechazo, enmarcan la fragilidad de un cuerpo muy humano. “Este diablo es demasiado sublime”, declaró la administración de la catedral. “El trabajo está distrayendo a las bonitas señoritas penitentes que deberían estar escuchando el sermón”, insinuó la prensa local. Y es que, tal y como es costumbre en las esculturas de Joseph, el trabajo llama la atención por su perfección de acabado y la gracia, elegancia y poesía de sus líneas. De “Adonis alado” a “diablo enfermizo”, “lánguido y gentil”, las críticas, tanto positivas como negativas, no se hicieron esperar, centrando todas las miradas en el ángel del mal.

L'ange du Mal, Joseph Geefs, 1842.

El agregado de todos estos factores llevó a que finalmente la escultura fuera retirada por orden del obispo van Bommel y que la comisión fuera pasada al hermano mayor de Joseph, Guillaume Geefs, cuyo trabajo Le Génie du Mal (el genio del mal), también conocido informalmente como El Lucifer de Liège, fue instalado permanentemente en 1848. Guillaume intentó cubrir los flancos por los cuales habían atacado a la obra de su hermano, sin salirse completamente, sin embargo, de esa línea romántica.

El Lucifer de Guillaume es mucho más masculino, muestra menos carne que el de Joseph y presenta una posición menos sensual, además de más elementos y símbolos satánicos, de manera que el conjunto pierde ligeramente la humanidad. La expresión del ángel cambia de una de serena fiereza (en la obra de Joseph) a una de dolor y desesperación, revelada por un rostro compungido y por una única lágrima que brota del ojo izquierdo de la estatua. El brazo derecho de la misma guía nuestra atención hacia los diminutos cuernos que se insinúan en  su cabeza, las alas de quiróptero se conservan, mientras que otros detalles como los grilletes alrededor de su pierna derecha y muñeca izquierda, la fruta prohibida mordida, las diminutas garras en las uñas de los dedos de sus pies, el cetro quebrado con una estrella en su punta y la corona desgastada en su mano (que lo definen como el ex lucero de la madrugada), son adicionados para reforzar la iconografía católica y representar el verdadero castigo, padecimiento y esclavitud del antagonista de Dios. El trabajo, sin embargo, no deja con esto de tener una belleza y un atractivo que crean en el observador una cierta simpatía con la víctima de todo ese sufrimiento.

Le Génie du Mal, Guillaume Geefs, 1848.

Todas estas obras, tanto las de Aldridge como la de los hermanos Geefs, exploran nuevas dimensiones de los preceptos establecidos, en este caso por la religión, y presentan, de una manera muy profesional y artísticamente muy atractiva, la otra cara de la moneda. Tal vez sea por ello que obras como estas llaman la atención, pues como humanos, sentimos afinidad por las cosas que se acercan a nuestra naturaleza. Y aunque esa atención, esa simpatía, pueda venir oculta por el rechazo y la indignación, quedará grabada en nuestros pensamientos, llevándonos a descubrir que nos cuesta dejar de pensar y volver una y otra vez sobre aquello que, por reglas preestablecidas, se sale de nuestros cánones.

Paso a compartirles mi poema Arcano y una canción del proyecto Luciferian Light Orchestra titulada Dante and Diabaulus.

Arcano

Nunca me ofrendaste con ninguna de tus gracias
y nunca tuve la entereza de pedirte que lo hicieras.

Asistí a tus ceremoniales
y vestí la túnica de Neptuno,
mientras mis manos acariciaban
los bordes inconclusos de las estrellas.

Dancé al ritmo de tus reverberaciones
y crecí dentro de los límites de lo imposible,
pero nunca probé el vino que se asentaba
en la profundidad sobria de tu copa de plata.

¿Qué palabras podrían alivianar tu espíritu?
¿Qué guerra o qué victoria podrán apaciguarte?

No basta con caer y con forjar una corona con la sangre en tus rodillas.
No basta con sufrir nuestros placeres,
ni con sentir que con cada paso dado
el destino nos conjuga una nueva prueba.

Tu celador jamás se mostrará más implacable.

Pero es ahora, en este instante de silencio
tergiversado por el fuego mudo de tus ojos,
cuando dominas el honor de mostrarte como eres.
Cuando alivianas la palma y rediseñas
cada una de las líneas de tu mano.

Parado sobre tus ambiciones y levantando
el peso de tus autoproclamados designios
aprendiste a trascender de lo mortal y lo divino. 

Eres de Dios el arcano más oscuro.
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Estefanía Figueroa Buitrago 


Muchas gracias por leer. Espero sus comentarios. Si tienen ideas sobre alguna entrada o algún tema que les gustaría discutir, estoy abierta a sugerencias.

PD: ¿Soy yo o estas entradas están cada vez más largas? ¡Prometo controlarme para la próxima! :p.