Spring

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Primavera en Mannheim, Alemania. Paisaje fotografiado y editado por mí.
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miércoles, 23 de julio de 2014

Un Romance Planetario

El universo es algo que me apasiona. Sus misterios, sus secretos, sus fenómenos.

Las maravillas exteriores me han inspirado constantemente y han permitido la creación de varios de mis escritos. Tal es el caso de doce poemas que escribí hace tiempo reunidos en el poemario titulado “La Rueda de las Bestias”, en honor a las doce constelaciones posicionadas sobre la eclíptica. Vamos por partes.

La eclíptica es la línea a través de la cual trascurre el sol alrededor de la tierra. Es decir, es el camino recorrido por el sol a lo largo de un año respecto al fondo inmóvil de las estrellas. Esta percepción es aparente, pues define el movimiento aparente del sol visto desde la tierra. Por convención, la eclíptica se encuentra dividida en 12 zonas, en donde se sitúan las 12 constelaciones del zodiaco, que a su vez hacen parte de las 88 constelaciones en que se divide el cielo nocturno.

Cada una de las constelaciones es fascinante y el poder reconocerlas sobre nuestras cabezas en una noche despejada es un hecho que gratifica a quien sepa reconocerlas.

No obstante, el día de hoy no vine a hablarles del zodiaco. Ese punto lo dejamos para una publicación venidera.

Los dos escritos que les comparto hoy tienen su origen en dos fenómenos diferentes: el perihelio y el afelio. El perihelio es el punto más cercano de la órbita de un cuerpo celeste al sol, mientras que el afelio es lo opuesto, es decir, el punto de la órbita más alejado. Hace muchos años escribí un parte de poemas titulados “Afelio” y “Perihelio”. Son tan antiguos y mi estilo de entonces tan diferente que no me siento con valor de publicarlos (soy demasiado crítica conmigo misma como para que siquiera me guste lo que escribí el mes pasado :P). No obstante, el concepto logró inspirarme dos veces.

Originalmente pensaba hacer una recopilación en donde escribiría un poema para cada uno de los planetas del sistema solar, incluido Plutón que aún goza de mi afecto y preferencia por ser una representación del dios Hades, porque tiene cinco satélites con nombres geniales: Caronte, Nix, Hidra, Cerbero y Estigia; y por inspirar al padre del horror cósmico H. P. Lovecraft en la creación de la raza Mi-Go que le da el nombre de Yuggoth.

La idea original de la recopilación terminó en dos poemas sin nombre. El primero de ellos mezclaba características de Mercurio, Venus y Marte y era imposible ponerle un título que se referenciara a uno solo de ellos. Fue entonces cuando noté que nuevamente me había dejado llevar por el concepto del afelio y el perihelio, y fue así como decidí nombrarlos.

Los dejos entonces con este romance planetario que espero disfruten.

Perihelio


Soy esclavo de tu fuerza,
prisionero de tu luz.
Allá en donde empieza mi universo
y tú danzas en tu eje eterno
sólo para cegarme con tus ojos.

Me alejo y me agito en los bordes de tu reino,
como el pájaro que vio nacer a la reina
desde los confines de los ventanales.
Luego caigo, irrefrenable, imparablemente,
y veo la nada acercarse hasta que sólo
tu fuerza imperial logra detenerme.

Esto que crece entre tú y yo es la vibración de la danza inmutable,
tu a mi alrededor entretejiendo mis cabellos de fuego,
y yo al lado tuyo contemplando la grandeza de tus facciones.

No soy más que otro adorador de tu energía,
de tu ímpetu. Del capricho que me ha traído
desde el otro lado de la galaxia y ha conjugado
mi cuerpo del polvo, mi fuego del hielo,
mi voz del aullido de los agujeros negros.

Hágase en mí tu voluntad,
hágase la luz de las tinieblas,
levántate ahora desde el
más lejano de mis horizontes.

Yo te ofreceré el amanecer que te mereces,
la fragilidad de la bailarina, el árbol de los recuerdos,
el polvo rojo que cubre la piel de los hijos de ésta tierra,
y la oscuridad insondable de las aguas que inundan
los cráteres de mi alma.

En mí todo se torna y se convierte
y sube en halos hasta la atmósfera.
Cada partícula del aire que respiro
se torna en veneno que besa tu rostro.

Una chispa es lo que necesito
para incendiarlo todo,
el roce de tus lenguas de fuego
sobre mi piel tostada por la cercanía
de tu cuerpo celeste.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago

Afelio


El hielo aprendió a cavar
su hogar en mis venas negras,
a recorrerme de pies a cabeza
y a exhalar su polvo de estrellas
por entre los pliegues de mi boca.
Aprendió a anidar en mi pecho
que entonces era joven y sólo
buscaba el calor de sus estrellas,
tornó a mis extremidades en espadas afiladas,
a mis cabellos divergentes en la línea de asteroides.

Y me maldijo a contemplarte eterna y perezosamente,
mientras me consumo en el frío que me regala tu distancia.

Dejo a mis hermanos la tarea absurda
de regalarte todos los besos emanados
desde el centro de la tierra,
de contemplar tus giros a tan íntima distancia,
de padecer la asfixia de tus devastadoras reacciones.

A ti yo te entronizo por ser inalcanzable,
la luz que apenas llega a mis regiones exteriores,
una musa demasiado joven y vulgarmente sonrojada,
la única estrella danzarina que seduce a estos ojos.

Permitámosle al vacío extenderse
cada vez más entre nosotros
y al silencio ser el heraldo
de las conquistas en tu boca.
Ésta piel que ves tan negra
jamás ha sido arrebatada
por los embates de las explosiones,
ni por los dedos apasionados
que trasmutó en su juventud el universo.

Sólo por las rocas he sido complacido,
y sólo la distancia conoce el frío de mis besos.

No los cederé pues a tus labios para que se derritan,
ni conoceré la suavidad que se oculta a la aridez de mi terreno.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago

Para acompañar la lectura les comparto la canción de la banda finlandesa Nightwish titulada “Astral Romance”, perteneciente a su primer álbum “Angels Fall First”.



Como siempre espero sus comentarios y opiniones. Muchas gracias a todos aquellos que comentaron mi entrada pasada. Espero responderles personalmente pronto :) ¡Su apoyo es invaluable para mí!