Mis queridos soñadores.
Los saludo desde ésta, la segunda entrada de mi blog, y les agradezco
infinitamente por haber estado allí, apoyándome, durante la “inauguración” de
este nuevo proyecto que empiezo. Cada uno de sus comentarios me ha llenado de
una energía increíble para seguir adelante. Ya se los he dicho pero lo repito.
Gracias por tomarse el tiempo de leerme y dejarme su valiosa opinión, es algo
que aprecio muchísimo.
Les digo que me ha costado horrores escribir esta entrada. Realmente es
todo un reto tratar de redactar con un gato encima. ¿Lo han intentado? Es para
guerreros. No es nada fácil escribir siquiera una frase con un minino acostado
encima del teclado del computador, ronroneando, y oprimiendo de vez en cuando,
supuestamente por “casualidad”, la tecla de borrar.
Para esta ocasión me gustaría, en primer lugar, compartirles una de mis
fotografías. Esta toma la hice durante un viaje mágico a París con varios
buenos amigos míos en el grandioso e imponente Museo del Louvre. Una, dos, tres
semanas no alcanzarían para abarcar tanta maravilla. Sin embargo, por el
momento soy feliz sabiendo que tuve la oportunidad siquiera de entrar y
contemplar parte de su gloria. El nombre de esta pieza se me escapa en el
momento, pero puedo decirles que su belleza me cautivó, como suele sucederme
con la escultura…. Sencillamente hipnotiza la manera en que algo tan duro puede
lucir tan cálido y suave como una seda. La edición de la fotografía original es
igualmente hecha por mí y espero que sea de su agrado.
Posteriormente quiero compartirles otro de mis escritos, con el cual me
involucré fuertemente en el plano sentimental.
En las Alturas
Nunca me he abandonado a brazos que no
sean los míos.
Llámalo vértigo, llámalo miedo a
despeñarme.
El vacío espera a los cuerpos
frágiles
que se creen pájaros en brazos de otros.
Y allí, en el borde, me sonríe el hondo
espacio
que se extiende hacia abajo con la
confidencia
de saber que ante él no me he rendido.
Un águila vuela en lo alto con sus alas
fuertes.
Se decora con el viento, con el terror
de la caída.
Traza círculos para que la tierra
contemple sus facultades,
el dominio de sí misma. Y grita fuerte y
claro
el orgullo de las alturas en las brumas
de los días.
No me creas pues ruiseñor malherido,
ave de un ala o mirlo de doncella.
No soy pájaro que espera cantar en las
mañanas
tonadas otoñales en brazos de su amante.
Mis manos son las únicas que han de
levantarme,
las águilas aquellas que se deleiten con
mi vuelo.
_______________________________
Estefanía Figueroa Buitrago
Cierro con el video de la canción West Coast de la artista estadounidense
Lana del Rey, perteneciente a su más reciente álbum Ultraviolence.
Les deseo a todos un feliz domingo.

